Prat: El Hombre

LAS VIRTUDES DEL HÉROE
 

¿Cómo acercarse a un Prat olímpico y otorgarle un perfil y un cariz más cercano, que permita en nuestro Chile de hoy, constituirle en un guía para las generaciones presentes y futuras?

 

Tomando como modelo la figura y personalidad del Comandante Prat, permítanme proponer entonces una pauta que nos facilite, o al menos advierta, como intentar ser un “héroe de las cosas sencillas”. Me he permitido simplemente denominarlas las “vocales éticas de la hache”(1) ya que ellas exaltan ciertas cualidades que defino cardinales: “hacedor”, “heroico”, “hidalgo”, “honrado” y “humilde”.

EdmundoGon

HACEDOR,

 

HEROICO,

 

HIDALGO,

 

HONRADO

 

Y HUMILDE

Extractos del discurso del 21 de mayo del 2007, pronunciado por el entonces Comandante en Jefe de la Tercera Zona Naval, Contralmirante Sr. Edmundo González Robles, hoy Almirante y Comandante en Jefe de La Armada.

 

 

 

HACEDOR

Aquél que ejecuta, que no le teme al hacer. (1)

Prat fue sin duda, desde esta singular perspectiva, un emprendedor e infatigable trabajador. Baste recordar el tremendo esfuerzo al que se vio sometido cuando, sin abandonar su carrera naval, paralelamente decidió emprender estudios de abogacía, título que obtuvo finalmente, a costa de largas jornadas ganadas a un merecido descanso o al ocio justificado en el solaz familiar.

Esfuerzo tesonero que se prolongó durante varios años, aprovechando los escasos ratos libres que su profesión naval le concedía, ya sea a bordo o en tierra, en el vagón de ferrocarril o en el silencio reflexivo de una biblioteca, en Santiago o Valparaíso, hasta convertirse, como publicó destacadamente la prensa de la época, en el primer abogado nacido del seno de la Armada.

Considérese también, en similar sentido, el entusiasmo desplegado para impartir enseñanza gratuita en la porteña escuela para trabajadores “Benjamín Franklin”, entrega que lo retrata de cuerpo entero.

 

HEROICO

Que distingue por sus acciones extraordinarias de arrojo, valentía o grandeza de ánimo. (1)

Tal vez ella es la cualidad ética que retrata de forma más preclara la condición de Arturo Prat.

Hombre valiente, cuya presencia de ánimo deja huellas indelebles durante toda su corta existencia, en variados episodios, sencillos o complejos, hasta el momento cúlmine de su tránsito a la inmortalidad.

Heroico se muestra cuando en mayo de 1875, tras un violentísimo temporal que sacudía a la ciudad puerto de Valparaíso, no trepida en abandonar el lecho donde guardaba reposo, tras una fuerte gripe, para acudir presto en socorro de su querida “Esmeralda”, de la cual era su Segundo Comandante, sacudida una y otra vez por los elementos de la naturaleza y en peligro de zozobrar. En esa oportunidad, en medio de la lluvia y el temporal desatado, los ojos de la pequeña multitud allí reunida observan electrizados como un hombre atado a una cuerda se interna en las frías aguas para llegar a nado a bordo de la nave amagada, y luego, arriesgadamente, maniobrar hasta lograr vararla y salvarla en la costa.

Valiente también fue su cometido, como defensor, en sendos juicios de guerra, entre ellos el realizado en contra de su amigo y camarada, el Teniente 1° Luis Uribe. En todos los casos Prat hizo gala de su vuelo intelectual y habilidad argumental, pero, sobre todo, no titubeo ni temió indisponerse con sus superiores, manteniendo un imperturbable rigor ético y una presencia de ánimo a toda prueba.

Heroico con letras de oro es su comportamiento en la legendaria mañana del 21 de mayo. Grande entre los grandes su conducta en Iquique no obedeció a una mera casualidad o a un acto de arrojo del momento.

Su Heroicidad fue la resultante de una existencia marcada por la convicción y la consecuencia. Su fatal desenlace, fruto de un acto profundo y meditado, expresado en verbo la noche anterior: “Si viene el Huáscar… lo abordo”.

Presencia de ánimo que insufló a sus hombres para empujarlos a combatir hasta el último aliento.

Como rememora el propio Uribe, significando su serenidad y tranquilidad de espíritu, en los instantes más álgidos del combate:  “Nada, absolutamente nada, traicionaba en él la tremenda responsabilidad que gravitaba sobre sus hombros de gigante”. Valor que trasuntó luego en el postrer intento de abordar la nave enemiga, ofrendando su vida y dando paso a la leyenda.

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HIDALGO

De ánimo generoso y noble. (1)

Quizás la cualidad ética que más cuesta comprender, porque encierra virtudes tales como nobleza, caballerosidad, generosidad y lealtad. Todas ellas estaban presentes, en mayor o menor medida, en la admirable existencia de nuestro héroe.

Nobleza:

Que se expresa cuando en medio del fragor del combate de Iquique, Prat divisa la modesta embarcación a remo, maniobrada desesperadamente por la mujer y los hijos de un práctico australiano que durante el bloqueo solía visitar, y ordena detener el fuego, dándose tiempo para dirigirse a ella a viva voz y darle indicaciones de cómo colocarse a buen recaudo.

Caballerosidad:

Demostrada ante los máximos jueces de la República, cuando con ocasión de acudir a rendir de uniforme su examen final de abogacía, deja de lado, en un gesto de absoluta hidalguía, la espada que portaba, aquélla que posteriormente empuñaría con firmeza y no doblegaría ante nadie en defensa de su Patria.

Generosidad:

Manifestada en la ayuda económica que, a pesar de las estrecheces, brindaba regularmente a su madre y hermanos, y que extendía incluso a otros parientes más lejanos.

Lealtad:

Cualidad que practicó cabalmente en todos sus términos. Prat leal con sus superiores y con sus subalternos, quienes en  un acto sublime no trepidan en seguirlo hasta la muerte.

Prat leal con su Institución;

preocupación que se grafica en su deseo de contar con un Instituto Naval permanente para la formación de Oficiales de Marina y de mejorar el sistema de ascensos y remuneraciones en boga.

Finalmente, Prat leal con su Patria. Lealtad a toda prueba cuando, lejos de su familia, debió cumplir atípicamente para su  condición de hombre de mar “tareas de inteligencia” en Argentina, con motivo de la disputa patagónica.

Concentrado en su tarea reunió, con total laboriosidad y singular audacia, valiosos antecedentes militares que se le habían encomendado.

 

HONRADO

Que procede con rectitud. Probo, íntegro, virtuoso. (1)

Por cierto, no me refiero a aquella honradez cotidiana, que se da por sentada. Más bien apunto a resaltar aquella consecuencia de vida que el héroe mantuvo imperturbable y serenamente hasta el momento del martirio, honradez personal y profesional propia de un hombre correcto, amante de sus amores: Dios, Patria y Familia.

Prat, honrado en sus convicciones cristianas, religiosidad manifiesta en la relación estrecha con Dios Padre como  elemento fundamental de su existencia.

Espiritualidad no exenta de expresiones externas, como lo atestiguan el escapulario de la Virgen del Carmen y la medalla  milagrosa de la Virgen de los Rayos, ambas encontradas entre sus pertenencias, objetos todos que denotan la firmeza de su fe y que le acompañaron hasta el instante postrero del adiós.

Prat también honrado en el tráfago del día a día. Puntilloso al extremo, particularmente con el uso de los fondos públicos.

Durante sus labores de espionaje, descuenta cada peso que no obedezca a un estricto cometido oficial, sea el mero pago de una propina o el simple recorte de su barba, y rinde inmediata cuenta de los gastos incurridos apenas retorna a la patria.

Honrado a su vez en la intimidad del núcleo familiar.

Buen padre, a pesar de las tragedias y sinsabores que,  reiteradamente le golpearon, con la pérdida de su pequeña hija  Carmelita y las enfermedades que rodearon los primeros años de su hija Blanca Estela. Ejemplar marido, prodigó siempre entrañable cariño y respeto a su amada Carmela Carvajal.

Sus innumerables cartas, escritas con nostalgia desde las cubiertas de los buques o desde el extranjero, dan cuenta con ternura de ello.

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HUMILDE

Conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y obrar de acuerdo con este conocimiento. (1)

Tal vez la cualidad más difícil de esculpir. Prat, un hombre sencillo, alejado de los vicios y carente de toda ambición.

Dinero, cargos, poder o la gloria le eran indiferentes.

Admirador de todas las cosas grandes… pero sin decir jamás que las intentaría.

Siendo el Comandante Thomson el Comandante de la “Esmeralda”, diez días antes del glorioso combate y presa de su audaz espíritu, convenció al Comandante en Jefe de la Escuadra, Almirante Williams Rebolledo, que lo incluyera en el dispositivo ofensivo que atacaría a la Escuadra Peruana en el Callao mismo, sugiriéndole que lo relevase de tan rutinaria y pasiva tarea a cargo del bloqueo de Iquique y en su reemplazo nombrase al Capitán Prat.

Y así se hizo. El destino quiso que Thomson no encontrase la gloria en el Callao, sino ocho meses más tarde en Arica al  mando del “Huáscar”.

Prat, humilde por convicción e hidalgo por consecuencia, aceptó este nuevo desafío al mando de la vieja corbeta, sin saber siquiera que escribiría, a poco andar, la página más gloriosa de la historia naval chilena y una de las más prominentes de la historia marítima universal.

¡Conciudadanos!

Estos simples principios éticos de nuestro insigne Comandante Prat me motivan, a la luz de las planteadas “vocales éticas  de la hache”, el proponer una guía o recordatorio para todos mis compatriotas, que ilumine el pensamiento y la acción,  en los momentos cotidianos, en la alegría y en la aflicción. Considero factible emular a Prat, porque Chile ha demostrado  con creces ser un pueblo de gente mayoritariamente hacedora, heroica, hidalga, honrada y humilde, ya sea en la gloria o en la adversidad.

De nosotros depende esculpir en nuestras mentes y corazones que estas virtudes se acrecienten, para que nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos, invoquen con orgullo el nombre de su Patria, en cuyas letras también se escribe esa muda consonante que encabeza estas vocales éticas propuestas, con el único fin de hacer de nuestro querido Chile un país cada vez más próspero, feliz y justo.

 

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(1) Definición de las “vocales éticas de la hache” de acuerdo a la Real Academia Española de la Lengua.