La familia del Héroe

Transcripción de “Arturo Prat” por Gonzalo Vial Correa.

Arturo Prat

Fue un hombre común que no quiso ser nada más.  Partiendo la guerra, dijo al abogado con quien compartía oficina :  “¿(Llegar a) Almirante? No, por cierto. En las campañas, la gloria es para los grandes, el sacrificio y el deber para los pequeños.  Cumpliremos el nuestro.  He ahí todo”.  Pero el extremo en el ejercicio de “las virtudes del hombre privado”, Arturo Prat no pudo evitar la gloria… la gloria de convertirse en la más alta figura moral de nuestra historia.

La Familia del héroe

Muy distintas sangres, actividades y vidas pretéritas confluyeron para formar la personalidad de Arturo Prat.

Los orígenes de los Prat

Los Prat son de origen catlán.  Su pueblo natal es Santa Coloma de Farnés, situado hacia el interior de Sils.  Es una zona montuosa y arbolada conocida como la “La Selva”.  En Santa Coloma son muy comunes el apellido Prat, y la variante Prats.  De nuestro héroe, se conoce hasta el bisabuelo, Isidoro Prat-Camps, hombre de campo sin mayor alcurnia, pero acomodado.

El tercero de sus cuatro hijos, Ignacio, fue comerciante ultramarino.  El año 1811 lo hallaremos en Santiago… casándose.  Contaba entonces alrededor de cuarenta años.  Su mujer, Agustina Barril, era valdiviana, de padre y abuelos militares.

Dura vida llevó aquí Ignacio Prat.  Dos de sus cuatro hijos murieron tempranamente.  Comerciante “godo” (español peninsular), no le fue fácil permanecer y trabajar en Chile después de la Independencia:  sufrió persecuciones y cárcel.  Quizás por ellas emigraría a Lima. Pero caído el Virreinato, se repitieron, ahora en Perú, las hostilidades contra los “godos”, y Prat regresaría al “mal conocido”… para morir asesinado (La Serena, 1825).

Sus hijos sobrevivientes fueron Clara –una solterona piadosísima- y Agustín.  Éste se casó con Rosario Chacón (1838) y fue varón de dolores.  Un incendio destruiría su tienda de calle Estado.  El matrimonio, en la ruina, se mudó a la remota hacienda San Agustín del Puñual, Ninhue, acogido por la generosidad del dueño, Andrés Chacón, hermano de doña Rosario.  Agustín Prat le prestaba pequeños servicios de oficina.  Nacieron rápidamente tres niños Prat Chacón… y todos murieron de apenas meses.

Después los hados parecerían benévolos por un instante:  vinieron al mundo para sobrevivir Arturo, nuestro héroe (1848), y luego sucesivamente cuatro hermanos más.

Pero la copa de Agustín Prat Barril no estaba todavía llena.  Junto con nacer su hijo Arturo, prendió aquí la fiebre del oro californiano y Andrés Chacón, el dueño de San Agustín de Puñual, dejó que lo tentara la aventura.  Él y sus socios, los jóvenes José Manuel Moya y Rafael Sotomayor (futuro y célebre “ministro de campaña” de la Guerra del Pacífico) lo perdieron todo en ella.  La hacienda fue vendida y los Prat Chacón volvieron a Santiago.

Para rematar la saga de desgracias, el padre enfermó de un mal muscular, progresivo e incurable, que lo fue paralizando hasta reducirlo permanentemente al lecho.

Dependerían por entero, hacia adelante, del apoyo de los Chacón.  Pedro Chacón, padre de doña Rosario, era un personaje de la naciente política republicana.  Enriquecido como comerciante santiaguino y del puerto, con propiedades en ambas ciudades, y además quillotanas, fue primero  “patriota” (partidario de la independencia) furibundo, y después no menos furibundo “pipiolo” (liberal extremo).

Como patriota, en su tienda capitalina de la calle conocida como “Atravesada de la Compañía” (por la proximidad del templo que fuera jesuita) no se encuentran sólo tela y ropa, sino folletos revolucionarios.  Iza el pabellón patrio para cada triunfo independentista… así la calle viene a llamarse Bandera.  Es amigo de O´Higgins  y San Martín, expatriado a Mendoza con la reconquista española y violento adversario de los Carreras.  Contribuye ampliamente a la causa emancipadora, cada vez que el gobierno lo pide, y a otras obras de bien público.  Cuando O´Higgins cuotea entre los vecinos pudientes de la capital un “empréstito forzoso” para la campaña libertadora del Perú, Chacón eleva motu proprio la suma que se le ha asignado y la declara donación, no préstamo.

Firme la independencia, Chacón, según adelantamos, será pipiolo –liberal ultraavanzado-, combatiendo al peluconismo en diarios que funda y financia, El Día, El Golpe.  Salen irregularmente y son de extrema virulencia.

Don Pedro casó con una señora penquista, Concepción Barrios (o Del Barrio) Bustos de Lara, cuya familia materna  -dueña de propiedades agrícolas, v. gr. San Agustín del Puñual- estaba arraigada por ambas ramas en la ciudad del Biobío desde comienzos del siglo XVII.  Probablemente, por ende, esas ramas habían venido con el gobernador Ribera y eran de tradición militar.

Por el lado del padre, el apellido Barrios de doña Concepción es todavía más interesante, pues no hay tal Barrios.  Era hija de Andrés Barri, que luego españolizaría su nombre, radicado en la capital de la frontera el año 1800, marino genovés que, utilizando su propia nave, El Carmen,  comerciaba entre Chile y el Río de la Plata, vía Cabo de Hornos.  Su mujer, Ángela Bustos de Lara –madre de doña Concepción y bisabuela  de nuestro biografiado- ,  tenía tal temple, que acompañaba a su marido durante estos periplos.  Él habría muerto ahogado el año 1815, ejercitando el corso contra los españoles.

Pedro Chacón falleció casi centenario y tuvo veinte hijos, de los cuales en 1879 quedaban nueve vivos.  Él y doña Concepción fueron el dentro de una familia notable, alegre, vital,  “aclanada” y solidaria.

La mujer de Jacinto Chacón –tío de Arturo Prat-, Rosario Orrego, quince años menor y de comentada belleza, lo excedía (si cabe) en originalidad.  De un primer matrimonio tuvo a Luis Uribe, futuro compañero de gloria de Arturo Prat.  Era novelista, poetisa, colaboradora y hasta directora de publicaciones literarias (La revista de Valparaíso).  También espiritista, pero no del montón, sino médium…es decir, el iniciado o iniciada que establecía el contacto paranormal con el difunto.

Nuestro héroe fue, apreciaremos, un hombre de desbordante afectividad.   Muy contados los Prat (ocho personas, nada más, llevaban el apellido en Chile, el año 1879), el matrimonio hizo que los Chacón prácticamente “engulleran” al joven marino.  Él los amó y sirvió incesantemente, y ellos le devolvieron efecto y servicios en vida y, a su viuda e hijos, después de muerto.

Los Prat eran de fuerte y tradicional fe católica.  Los Chacón, liberales, tenían una religiosidad muy débil, y heterodoxa por el espiritismo de, principalmente, don Jacinto y su mujer.  Espiritismo que veremos, influyó profundamente sobre los Prat, pero sin que éstos dejaran de sentirse y practicar como católicos.

Ningún miembro de las dos familias, ni siquiera  don Pedro, tuvo actuación directa de en partidos, elecciones o Congreso.  Dos o tres de ellos, sin embargo, incluido al patriarca, hicieron periodismo político, generalmente de ideas, como escritores o editores.

¿A qué sector social pertenecían los Prat y Chacón? Es una interrogante de gran interés, que analizaremos al tratar a los Carvajal –la familia de la mujer de nuestro biografiado-, y referida también a ésta.