Arturo Prat: Facetas desconocidas

Autor: Álvaro Góngora E.  Director Escuela de Historia-Cidoc, Universidad Finis Terrae.

 

Recordando a nuestro héroe -quizás el más grande que exhibe la historia patria-, surgen sus varios intereses y aficiones, tanto intelectuales, espirituales y hasta podrían ser manuales.

Tocante a ideas políticas, por ejemplo, contextualizadas en el siglo que le correspondió vivir, cabe destacar que adhirió al ideario liberal, pero con moderación, alejándose de su línea más ortodoxa, incluso asumiendo un pensamiento independiente.  No es seguro, pero es perfectamente posible haya sido partidario del sistema parlamentario y por lo mismo asignaba al congresista un papel fundamental en la marcha de la nación.  Sin embargo, con matices propios.

Como había, entonces, quienes se oponían a la “compatibilidad parlamentaria” (ser funcionario público y miembro de las cámaras) el sostenía una posición que contrariaba el anti-presidencialismo que comenzaba a predominar entre la clase política más liberal.

Advertía al respecto que “los hombres de valor, que son pocos, si ocupan puestos administrativos (exclusivamente, se entiende), se ven alejados de los cuerpos legislativos en que podrían ser útiles al país”.  De lo que se desprende que abogaba por un parlamento constituido por personas de altas calificaciones.

Un tema que conoció más cabalmente fue el sistema electoral, pues su memoria de prueba para recibirse de abogado versó sobre la ley electoral aprobada en 1874.  Hace un análisis completo en ella, con un apoyo resuelto a “la libertad del voto” y eliminación del “sufragio censitario”, existente desde hacía más de cuarenta años, y también de la necesidad y beneficio de la “representación de las minorías” del segmento dirigente, se comprenderá.  Si bien estuvo de acuerdo con el fondo del texto, sugirió hacerle importantes reformas en aspectos relativos a su reglamentación.

Como campeaban las ideas liberales en materia económica, obra de los “liberalísimos” discípulos nacionales de Courcelle Seneuil -economista y académico francés-, Prat expresó su parecer epistolarmente.  Fue un convencido que el llamado “librecambismo” -como se sindicaba al modelo- solo era factible de aplicar en ciertas sociedades.  Sin embargo, en aquellas en “ciernes… pueblos en su vida infantil” se requería la “protección de la nodriza” para desenvolverse regularmente y sin peligros. Incluso, mostró clara afección por las ideas del economista estadounidense henry Carey, autor del Tratado de Ciencia Social -libro que seguro conoció el héroe-, el cual afirmó la conveniencia del proteccionismo para estimular el desarrollo industrial de países con economías aún primarias.